¿Podrían las drogas psicodélicas aprovechar la neuroplasticidad para tratar la adicción y otras enfermedades mentales?

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Visualización de una red neuronal con colores vibrantes que ilustran interconexiones complejas con el cerebro durante la noche.
©Shutterstock Images/Evgon

El posible uso de drogas psicodélicas en el tratamiento de diversas afecciones de salud mental ha despertado el interés de las investigaciones científicas en estas sustancias, así como una creciente atención pública. Una variante de la ketamina llamada esketamina ya ha obtenido la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y se utiliza en casos de depresión resistente a los tratamientos. Asimismo, la FDA ha designado formulaciones de psilocibina y 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA) para el tratamiento de la depresión y el trastorno de estrés postraumático, respectivamente, como “terapias innovadoras”. Este proceso está diseñado para agilizar el desarrollo y la revisión de estas terapias. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) financia de forma continua investigaciones sobre estos compuestos. Junto con el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés), el NIDA es una de las fuentes principales de financiamiento de investigaciones sobre sustancias psicodélicas dentro de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés). Estas investigaciones representan un posible cambio de paradigma en la forma en que también se abordan los trastornos por consumo de sustancias. Sin embargo, todavía se desconocen muchos aspectos sobre estos fármacos, cómo funcionan y la forma adecuada de administrarlos. También existe el riesgo de que el entusiasmo que ha surgido se adelante a la ciencia.

El potencial de los compuestos psicodélicos probablemente radica en su capacidad de promover una rápida reconfiguración neuronal.1 Por ejemplo, recientes estudios preclínicos han sugerido que las propiedades “neuroplastogénicas” de la psilocibina pueden estar relacionadas con su capacidad de unirse a los receptores 5HT2A (serotonina) dentro de las neuronas, algo que la propia serotonina no puede hacer.2 Es posible que esa reconfiguración explique los efectos relativamente duraderos de estos compuestos, incluso con una sola aplicación o con unas pocas dosis. Algunos estudios clínicos han observado efectos que duran algunas semanas3, pero estudios más pequeños, así como reportes anecdóticos, sugieren duraciones mucho más prolongadas. Se necesita contar con investigaciones científicas sólidas, lo que incluye estudios clínicos, que puedan respaldar la eficacia terapéutica, la duración de los efectos y la seguridad de los participantes en grupos grandes. 

Como parte de los estudios de investigación, el personal médico se encarga de administrar las drogas psicodélicas en entornos altamente controlados. Esto es importante no solo por razones de seguridad, sino también porque los factores contextuales y las expectativas desempeñan una función fundamental en su eficacia.4 La experiencia de un paciente será positiva o negativa dependiendo en gran medida de su estado mental al iniciar el estudio y si percibe que puede sentirse seguro en ese entorno. Esto plantea una pregunta importante sobre el grado, de haberlo, al que el tiempo y la atención del personal médico o el enfoque terapéutico influyen en la eficacia de las sustancias psicodélicas, pero este aspecto requiere mucha más investigación. El grado al que la psicoterapia es necesaria en combinación con las drogas psicodélicas y qué métodos funcionan mejor continúan siendo una pregunta sin una respuesta clara.  

El posible uso de las drogas psicodélicas en el tratamiento de la adicción se remonta a varias décadas. A finales de la década de 1950, Bill Wilson, fundador de Alcohólicos Anónimos, participó en experimentos con dietilamida de ácido lisérgico (LSD, por sus siglas en inglés) y promovió la realización de más investigaciones sobre si las drogas psicodélicas podían ser útiles para ayudar a las personas a recuperarse de la adicción al alcohol. Desde entonces, ha habido muchos informes anecdóticos de personas que han superado trastornos por consumo de sustancias mediante el uso de drogas psicodélicas y, en cierta medida, los estudios experimentales están respaldando estas afirmaciones, especialmente en el caso del trastorno por consumo de alcohol.5 

Actualmente, el NIDA está financiando estudios clínicos sobre la psilocibina para dejar de fumar, la ketamina para el trastorno por consumo de estimulantes y la psilocibina y la ketamina como complementos de los medicamentos para el trastorno por consumo de opioides (MOUD, por sus siglas en inglés). A diferencia de los tratamientos farmacológicos existentes, como los MOUD, la psilocibina y los agonistas relacionados con los receptores 5HT2A no interactúan con los receptores de las sustancias adictivas (como, a manera dejemplo, los receptores opioides, cannabinoides o nicotínicos). No se considera que estos fármacos sean adictivos por sí mismos, aunque la ketamina y la MDMA, que aumentan la dopamina en las regiones de recompensa del cerebro, sí presentan un potencial adictivo. De hecho, la prevalencia del uso indebido de la ketamina, es decir, un uso distinto al indicado para fines médicos, ha aumentado a nivel mundial y se relaciona cada vez más con las muertes por sobredosis en los Estados Unidos.6 

De forma específica, Bill Wilson consideraba que, al inducir experiencias espirituales, las drogas psicodélicas ayudarían con el paso 12 de su sistema, que se refiere al reconocimiento de un poder superior. Una de las preguntas más interesantes en torno a las drogas psicodélicas es si las experiencias espirituales que se han descrito, así como otros efectos subjetivos que buscan algunos usuarios, son esenciales para sus presuntos efectos terapéuticos, o si son efectos secundarios que podrían separarse para elaborar un compuesto farmacológico más seguro y fácil de administrar.7,8 Existen corrientes de pensamiento contrapuestas sobre este asunto y, a la fecha, la evidencia existente continúa sigue siendo inconclusa.9 

Sin embargo, hay muchos desafíos para estudiar las drogas psicodélicas en los estudios clínicos. Uno de estos es la falta de placebos suficientemente similares al fármaco, de modo que los participantes del estudio no puedan saber cuál han recibido. El uso de dosis bajas de una droga psicodélica utilizadas como placebo es una posible solución que se está aplicando a una cantidad creciente de estudios. También existen desafíos administrativos para los investigadores de ciertos fármacos, como la psilocibina, debido a su clasificación como sustancias de la Lista I. Los pacientes que reciben drogas psicodélicas en los estudios clínicos se encuentran en un estado altamente vulnerable y la falta actual de protocolos terapéuticos ampliamente aceptados para cerciorarse de su seguridad es otro impedimento que se debe abordar.10 También es necesario aprender a enfrentar los desafíos que surgen al realizar investigaciones con grupos como veteranos con trastorno de estrés postraumático, que podrían beneficiarse más del tratamiento con drogas psicodélicas, pero cuyos posibles riesgos también son muy altos. Si las terapias basadas en drogas psicodélicas logran obtener la aprobación de la FDA, se necesitarían protocolos para capacitar al personal médico antes de que estas terapias puedan integrarse al tratamiento psiquiátrico convencional, así como abordar asuntos relacionados con la acreditación (es decir, qué tipo de capacitación, educación y experiencia permiten que alguien sea apto para administrar una terapia basada en drogas psicodélicas). Y debido a que, junto con la psicoterapia complementaria, estos tratamientos serán costosos, se deberá contar con un modelo de reembolso para los proveedores, a fin de facilitar un acceso equitativo.

Aprovechar la plasticidad natural del cerebro para lograr beneficios terapéuticos es una vía intuitivamente evidente para la elaboración de fármacos, lo que incluye el desarrollo de drogas psicodélicas como tratamientos terapéuticos. Esto requiere una comprensión mecanicista para maximizar sus beneficios. El valor potencial de este tipo de investigación va mucho más allá de la posibilidad de desarrollar nuevos tratamientos. Las experiencias profundamente significativas que mencionan algunas personas después de consumir drogas psicodélicas podrían ofrecer a los neurocientíficos valiosos conocimientos sobre cómo se desarrollan el sentido y la capacidad del cerebro para cambiar a una forma saludable después de la adicción o de un trauma. Tal como lo planteamos Joshua A. Gordon, exdirector del NIMH, y yo en la revista médica JAMA Psychiatry, se sabe mucho sobre lo que falla en el cerebro de las personas con adicciones y otros trastornos mentales, pero se sabe menos sobre lo que funciona adecuadamente en aquellos que no requieren atención psiquiátrica.11 Las investigaciones sobre drogas psicodélicas podrían brindar nuevas perspectivas sobre el bienestar, lo que puede enriquecer el enfoque histórico de la psiquiatría para abordar las enfermedades y los trastornos.

Referencias
  1. Ly C, Greb AC, Cameron LP, et al. Psychedelics Promote Structural and Functional Neural Plasticity. Cell Rep. 2018;23(11):3170-3182. doi:10.1016/j.celrep.2018.05.022
  2. Vargas MV, Dunlap LE, Dong C, et al. Psychedelics promote neuroplasticity through the activation of intracellular 5-HT2A receptors. Science. 2023;379(6633):700-706. doi:10.1126/science.adf0435
  3. Goodwin GM, Aaronson ST, Alvarez O, et al. Single-Dose Psilocybin for a Treatment-Resistant Episode of Major Depression. N Engl J Med. 2022;387(18):1637-1648. doi:10.1056/NEJMoa2206443
  4. Hartogsohn I. Modalities of the psychedelic experience: Microclimates of set and setting in hallucinogen research and culture. Transcult Psychiatry. 2022;59(5):579-591. doi:10.1177/13634615221100385
  5. Bogenschutz MP, Ross S, Bhatt S, et al. Percentage of Heavy Drinking Days Following Psilocybin-Assisted Psychotherapy vs Placebo in the Treatment of Adult Patients With Alcohol Use Disorder: A Randomized Clinical Trial. JAMA Psychiatry. 2022;79(10):953-962. doi:10.1001/jamapsychiatry.2022.2096
  6. Vivolo-Kantor AM, Mattson CL, Zlotorzynska M. Notes from the Field: Ketamine Detection and Involvement in Drug Overdose Deaths - United States, July 2019-June 2023. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2024;73(44):1010-1012. Published 2024 Nov 7. doi:10.15585/mmwr.mm7344a4
  7. Yu Z, Burback L, Winkler O, et al. Alterations in brain network connectivity and subjective experience induced by psychedelics: a scoping review. Front Psychiatry. 2024;15:1386321. Published 2024 May 14. doi:10.3389/fpsyt.2024.1386321
  8. Hesselgrave N, Troppoli TA, Wulff AB, Cole AB, Thompson SM. Harnessing psilocybin: antidepressant-like behavioral and synaptic actions of psilocybin are independent of 5-HT2R activation in mice. Proc Natl Acad Sci U S A. 2021;118(17):e2022489118. doi:10.1073/pnas.2022489118
  9. Dahan JDC, Dadiomov D, Bostoen T et al. Meta-Correlation of the Effect of Ketamine and Psilocybin Induced Subjective Effects on Therapeutic Outcome. npj Mental Health Res. 2024;3:45. https://doi.org/10.1038/s44184-024-00091-w
  10. Anderson BT, Danforth AL, Grob CS. Psychedelic medicine: safety and ethical concerns. Lancet Psychiatry. 2020;7(10):829-830. doi:10.1016/S2215-0366(20)30146-2
  11. Volkow ND, Gordon JA, Wargo EM. Psychedelics as Therapeutics-Potential and Challenges. JAMA Psychiatry. 2023;80(10):979-980. doi:10.1001/jamapsychiatry.2023.1968

Dra. Nora Volkow, directora

Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.