Los estudios en torno al punto de intersección entre el VIH y el consumo de sustancias pueden guiar la prevención, el tratamiento y la atención.
La epidemia del VIH está tan interrelacionada con la crisis de la adicción a las drogas que a veces se les denomina sindemia (en inglés). La intoxicación por drogas puede afectar el sentido común y provoca una mayor impulsividad, lo que a su vez aumenta el riesgo de exposición a situaciones relacionadas con la infección y la transmisión del VIH. El consumo de drogas también puede debilitar la función inmunitaria e interferir en la búsqueda de atención médica. En conjunto, estos factores aceleran la transmisión del VIH y la progresión de la enfermedad. Los grupos recientes de casos de VIH en los Estados Unidos se han asociado de manera sistemática con factores superpuestos a nivel estructural, social y de salud, lo que incluye la inestabilidad de vivienda, factores de estrés psicosocial, el acceso limitado a la atención de la salud y el consumo de drogas inyectables (en inglés). Todo esto destaca la complejidad de las realidades de las personas que deben enfrentar múltiples obstáculos en la atención de la salud.
El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) es una de las principales fuentes de financiamiento para las investigaciones sobre el VIH en los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés). El NIDA respalda las investigaciones a lo largo de todo un continuo que abarca desde la investigación básica hasta la ciencia de implementación. Esta labor ha generado un impacto considerable. Fue la ciencia que financió el NIDA hace dos décadas la que estableció la importancia de los medicamentos para el trastorno por consumo de opioides (en inglés) y otros tratamientos de la adicción como un componente esencial de la atención del VIH en aquellas personas con trastornos por consumo de sustancias. Otras investigaciones posteriores que también financió el NIDA demostraron el principio del tratamiento del VIH como prevención (en inglés), al demostrar que un mayor acceso al tratamiento del VIH entre las personas que se inyectan drogas redujo la carga viral del VIH y su transmisión en la comunidad.
El punto de intersección entre el VIH y el consumo de sustancias continúa guiando las prioridades de investigación del NIDA. Una de estas prioridades es establecer vínculos a lo largo del continuo de las investigaciones que permitan fomentar intervenciones eficaces y basadas en evidencia, tanto para el VIH como para el consumo de sustancias, a nivel biológico, clínico y estructural.
Un ejemplo de estos proyectos es el programa titulado Respuestas a opioides a nivel de célula única en el contexto del VIH (SCORCH, por sus siglas en inglés), que representa una cuantiosa inversión en neurociencia avanzada y que aprovecha la genómica a nivel de célula única para mapear cómo la infección por VIH y los trastornos por consumo de sustancias, en especial los trastornos por consumo de opioides, metanfetamina y cocaína, alteran la función cerebral en cada tipo de célula individual. Al generar y compartir abiertamente conjuntos de datos transcriptómicos y epigenómicos a gran escala, el programa SCORCH permite que investigadores de todo el mundo identifiquen las vías celulares específicas mediante las cuales las drogas interactúan con el VIH, lo que incluye mecanismos que pueden contribuir a la persistencia viral, al deterioro neurocognitivo y a la adicción. Esta labor está revelando posibles objetivos para nuevas terapias que podrían abordar de forma simultánea la adicción y las complicaciones cerebrales relacionadas con el VIH, mientras también se establece una infraestructura científica compartida, con base en los principios de los datos localizables, accesibles, interoperables y reutilizables (FAIR, por sus siglas en inglés) para acelerar los descubrimientos entre distintas disciplinas e instituciones.
Un reciente estudio del programa SCORCH (en inglés), a cargo de un equipo de la Facultad de Medicina Icahn en Mount Sinai, ilustra qué tan poderoso puede ser este enfoque para descubrir los vínculos biológicos entre el consumo de sustancias y el VIH. Mediante el uso de la secuenciación a nivel de célula única en el tejido cerebral humano, los investigadores pudieron examinar cómo se alteran los tipos específicos de células cerebrales, en especial las neuronas productoras de dopamina y la microglía, en personas con VIH y con trastornos por consumo de sustancias. Se reveló que, aunque el VIH no infecta directamente las neuronas, estas presentan cambios significativos en la actividad génica relacionados con el estrés, la inflamación y la señalización, lo que sugiere que el virus genera de forma indirecta alteraciones en la función cerebral. Al mismo tiempo, la microglía, es decir, las células inmunitarias residentes del cerebro y un punto clave para la persistencia del VIH, muestra una mayor respuesta inflamatoria e inmunitaria, lo que puede contribuir a una lesión neuronal continua y podría ayudar a mantener reservorios virales en el cerebro.
Es importante destacar que el estudio también reveló que el consumo de sustancias puede intensificar muchas de estas mismas vías, especialmente aquellas que guardan relación con la neuroinflamación y el estrés celular, lo que señala la existencia de mecanismos biológicos superpuestos, mediante los que el VIH y drogas como los opioides o la cocaína afectan el cerebro de forma conjunta. El VIH y las drogas interactúan dentro de conjuntos específicos de neuronas y de formas que pueden empeorar el deterioro cognitivo, reforzar los circuitos relacionados con la adicción y complicar el tratamiento y los resultados de salud a largo plazo. Estos hallazgos son significativos porque nos permiten ir más allá de las observaciones generales para contar con información precisa a nivel celular, lo que ayuda a identificar nuevos objetivos terapéuticos con el potencial de reducir la inflamación cerebral, proteger la función neuronal e interrumpir la persistencia del VIH en el sistema nervioso central.
Una prioridad muy importante para los NIH (en inglés) es asegurarse de que las intervenciones basadas en evidencia se apliquen y se mantengan de forma eficaz en entornos de la vida real. Las estrategias efectivas de prevención y tratamiento del VIH deben tener en cuenta todo el contexto de la vida de las personas, lo que incluye la salud conductual, las condiciones sociales, sus relaciones y el acceso a servicios de apoyo. Como complemento a los esfuerzos en el ámbito de la ciencia básica del programa SCORCH, el programa Red colaborativa para poner fin a la epidemia del VIH y abordar la adicción en el sistema de justicia penal (CONNECT, por sus siglas en inglés) se centra en la forma en que se brinda atención para tratar el VIH y los trastornos por consumo de sustancias a una de las poblaciones que enfrenta obstáculos desproporcionados para acceder a estos servicios. Las personas dentro del sistema de justicia penal presentan altas tasas de trastornos por consumo de sustancias y un mayor riesgo de infección por VIH. Sin embargo, a menudo enfrentan una atención fragmentada, especialmente durante períodos de transición como su reinserción en la comunidad, que es una etapa asociada con una mayor vulnerabilidad e interrupciones en la continuidad de la atención. El sistema de justicia penal también representa un punto crítico para poder llegar a personas que pueden enfrentar obstáculos para acceder a servicios de atención de la salud. Establecido en 2024, el proyecto CONNECT está desarrollando y sometiendo a prueba modelos escalables que integran la prevención, el diagnóstico y el tratamiento con servicios basados en evidencia para los trastornos por consumo de sustancias en ámbitos comunitarios y del sistema de justicia penal. Estos modelos abordan desafíos esenciales en la implementación con relación a la participación, la continuidad de la atención y la coordinación entre los distintos sistemas.
Diseñado para reunir a investigadores, proveedores de servicios y personas con experiencia vivencial y actual con el VIH, trastornos por consumo de sustancias y el sistema de justicia penal o legal, así como a socios de todo el sistema de justicia penal, con el fin de mejorar la forma en que se prestan servicios para tratar el VIH y los trastornos por consumo de sustancias en personas dentro de este sistema, el proyecto CONNECT incluye la asignación de 10 subvenciones interrelacionadas. Ocho de estas son para centros académicos regionales de investigación que llevan a cabo estudios clínicos híbridos multicéntricos de efectividad e implementación en comunidades diversas que presentan una alta carga. Otra subvención es para un centro de coordinación y diseminación de datos que respalda la colaboración, la armonización de datos y la aplicación de los hallazgos en la práctica, mientras que otra subvención se asignó a un centro de recursos para la participación de los pacientes, a fin de velar por que las investigaciones se guíen por las experiencias vivenciales y actuales de las personas más afectadas. En conjunto, estos componentes generarán evidencia aplicable y basada en las necesidades de la comunidad sobre la forma de ampliar el acceso a medicamentos, intervenciones conductuales, herramientas digitales y atención centrada en los pacientes, en el ámbito del sistema de justicia penal, mientras también se desarrolla la infraestructura y se establecen las alianzas de trabajo necesarias para mantener estos esfuerzos. Al alinear la ciencia, los sistemas, la participación de los grupos interesados y las alianzas de trabajo comunitarias, el proyecto CONNECT está ayudando a sentar las bases para lograr una prestación más eficaz y equitativa de los servicios para tratar el VIH y los trastornos por consumo de sustancias en todo el país.
También es esencial fortalecer el desarrollo de la próxima generación de investigaciones en el ámbito del VIH y la adicción a las drogas. El NIDA ofrece apoyo a investigadores en las etapas iniciales de sus carreras que trabajan en el punto de intersección entre el VIH y los trastornos por consumo de sustancias mediante iniciativas coordinadas de financiamiento, capacitación y desarrollo de la fuerza laboral. Estas iniciativas están diseñadas para fomentar la innovación y fortalecer a los futuros investigadores. Entre estas iniciativas se encuentra nuestro programa de premios Avenir para los trastornos por consumo de sustancias y el VIH (en inglés), que apoya a investigadores nuevos y excepcionalmente creativos en las etapas iniciales de su trabajo. Los tres proyectos galardonados con el premio Avenir en 2025 se centraron en el desarrollo y la implementación de estrategias innovadoras y en la vida real para ampliar el acceso a servicios integrales de atención del VIH y los trastornos por consumo de sustancias para diversas poblaciones desatendidas y de alto riesgo, en especial aquellas en entornos de servicios asistenciales, comunitarios y del sistema de justicia penal.
Para poner fin a la epidemia del VIH será necesario contar con enfoques integrales y coordinados que aborden de forma simultánea la prevención y el tratamiento del VIH, los trastornos por consumo de sustancias y factores estructurales y conductuales que contribuyen al riesgo de infección por VIH. Al integrar las investigaciones a nivel biológico, conductual y sistémico, el NIDA está dedicando esfuerzos para comprender mejor el punto de intersección entre el consumo de sustancias y el VIH, así como para traducir ese conocimiento en estrategias más eficaces y equitativas para prevenir la transmisión del VIH y mejorar los resultados en poblaciones que han resultado desproporcionadamente afectadas por el VIH y el consumo de sustancias.
Dra. Nora Volkow, directora
Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.